Salvar vidas no es un delito-La activista Helena Maleno,que incomoda a España , defensora de los derechos de los inmigrantes, citada a declarar en Marruecos

Salvar vidas no es un delito

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El final del camino, de este camino, puede ser el ingreso en prisión

Pienso que llegaré ante el juez, me mirará, le explicaré y entenderá todo.

Quería dar las gracias por esa oleada de cariño, solidaridad y compromiso con la defensa del derecho a la vida que he recibido de miles de personas. Me reconforta saber que estáis ahí y vuestro amor me sostendrá ante el tribunal si me flaquean las fuerzas. No puedo creer cómo he llegado a esta situación en la que se me tacha de criminal por hacer llamadas a servicios de Salvamento Marítimo.

Me miro en casa al lado de mi perro, mi gata, con la mesa camilla puesta y después de recoger a mi hija de teatro. Me paro en la foto de mi hijo cuando era pequeño y en las cenizas de mi madre que presiden el pequeño altarcito improvisado en casa.

He hecho una llamada a Salvamento Marítimo para saber algo de la patera desaparecida desde hacía dos días, y desgraciadamente me explican que hay un fallecido. Entonces se me caen las lágrimas por otra muerte más. Le digo a uno de los controladores de Almería que tal vez esta sea una de las últimas llamadas que les hago.

Recuerdo en el año 2007 mi primera alerta a esta torre de control de una patera desaparecida. Conozco todas las voces de los trabajadores, tras las que se esconden un gran empeño y profesionalidad para salvaguardar el derecho a la vida en el mar.

Paseo mi mente por los recuerdos de los naufragios. Me vienen a ella los gemelos de Sisco, la pequeña Jenny, el niño Samuel, todos ahogados y algunos tragados por el mar. Y en 2014 aquella navidad donde murieron las mamás abrazadas a sus hijos. Así las encontré cuando fui a visitar la morgue de Tánger dentro de aquellas bolsas negras, aún con las ropas empapadas en agua.

Pienso en mi madre enfadada cuando, mientras comíamos, las llamadas de familiares alertando de pateras se sucedían sin parar. Me decía “vaya, hija mía, vaya trabajillo que te has buscado. Que ni ganas nada ni te dejan comer, ni dormir”. Esa era mi madre con el humor negro almeriense, pero orgullosa siempre de lo que hacía su hija. Ella decía que heredé esta forma de ser de mi abuelo, su padre.

Mi niña me devuelve a la realidad, me saca de mis pensamientos diciéndome “no llores, cuando lloras me hace sentir insegura, pienso que lo peor puede pasar”. Así me doy cuenta de que me caen lágrimas a borbotones por la cara.

Vuelve a sonar el teléfono. Es el hermano de una de las mujeres que viajan en la patera donde ha habido un fallecido. Quiere saber si es un hombre o una mujer la persona muerta. Le digo que un hombre y respira tranquilo pensando en su hermana, pero acto seguido me dice “mucha fuerza por lo que estás viviendo. Has salvado tantas vidas que Dios te ama, todos te queremos, eres como una parte nuestra, de la familia, eres África. Esta noche nuestras oraciones serán para ti”.

Intento hacerme consciente de todas las muestras de cariño y solidaridad recibidas durante todo el día. En uno de los mensajes leo “En las redes la solidaridad contigo es impresionante. Te mando un beso enorme y espero que mañana las cosas salgan bien. Estamos muy atentas”.

Desde el miércoles pasado cuando me notificaron a declarar ante el tribunal, muchas personas se han dejado la piel para estar a mi lado. Han trabajado día y noche para ver la parte jurídica, difundir la solidaridad en las redes, y sostenerme para que no me cayese durante el camino.

Mi hijo es una de ellas, una persona valiente y humana que me da la fuerza para seguir luchando. Así, remonto la moral diciéndome a mí misma que una madre debe ser ejemplo hasta el final para su descendencia. 

Salvar vidas no es un delito y pienso que eso debería entenderlo cualquier persona en el mundo, sea cual sea su ideología. Por eso no logro comprender cómo han llegado tan lejos con esto. 

El final del camino, de este camino, puede ser el ingreso en prisión. Las que me conocen saben de mi carácter positivo, y por lo tanto no puedo dejar de seguir confiando en la justicia.

Pienso que llegaré ante el juez, me mirará, le explicaré y entenderá todo. Y finalmente todas seguiremos llamando a Salvamento cuando sea necesario para salvar vidas.

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Salvar-vidas-delito_6_715038529.html

Así es la labor de Helena Maleno, la activista que incomoda a España y citada a declarar Marruecos

La defensora de los derechos de los inmigrantes acude este martes a una declaración solicitada por el Tribunal de Apelación de Tánger, en el marco de una investigación por “tráfico de personas”

Sus llamadas a Salvamento Marítimo han salvado centenares de vidas en el Mediterráneo, pero una investigación judicial internacional las ha convertido en sospechosas

Tribuna de Helena Maleno, antes de declarar: “Salvar vidas no es delito”

Helena Maleno, durante la presentación del informe 'Tras la frontera'.

Helena Maleno, durante la presentación del informe ‘Tras la frontera’. Caminando fronteras

Podría decir que siento miedo ante la incertidumbre de lo que puede pasar, pero miedo de verdad tienen que sentir las 35 personas que están una segunda noche a la deriva en Alborán. En medio del mar, a oscuras y sabiendo que a lo mejor no van a sobrevivir. Podría tener miedo, pero cuando pienso en eso me nace otro sentimiento. Uno de lucha, de fuerza. De decir: ‘Esto es así. A veces hay que hablar y a veces, cuando se habla, corremos riesgos.

La principal defensora de derechos humanos en la frontera sur española, Helena Maleno, describía con estas palabras sus sensaciones un día antes de acudir a la declaración judicial programada este martes a las 11 de la mañana (hora española) en el Tribunal de Apelación de Tánger. Poco sabía, decía, sobre el origen de su acusación y los delitos que se le imputan, pero algo sí conocía: su nombre aparece en el punto de mira de una investigación penal internacional sobre tráfico de personas por solicitar el rescate de migrantes en peligro en el mar.

Su miedo se transformaba, relataba con la misma voz entrecortada con la que informa de vidas perdidas en el Estrecho, en la misma fuerza que le ha empujado a dedicar buena parte de su vida y sus energías a defender los derechos de las personas migrantes. “A veces hay que hablar”, señala la activista desde Tánger.

Más que hablar, Helena Maleno ha gritado.

El “grito” de Helena Maleno es el primero que se escucha cada vez que una vida corre el riesgo de perderse en las aguas del Estrecho. Desde Marruecos, su país de residencia, su voz resuena en España cuando una patera navega a la deriva, cuando los migrantes que la ocupan comienzan a sentir la entrada del agua en su barca, cuando una mujer espera con su hijo en brazos un rescate que no llega, aunque un helicóptero español sobrevuele sus cabezas durante horas.

Los primeros que escuchan sus palabras son quienes se encuentran en riesgo en su intento de atravesar las aguas fronterizas entre España y Marruecos. También aquellos familiares que esperan con angustia señales que no llegan de un hijo, una madre, un hermano que intentó cruzar el Estrecho hace horas sobre una patera.

La familia de Aboubakar Oumarou Maiga, víctima del Tarajal, con la investigadora y defensora de derechos humanos Helena Maleno. | Imagen cedida por Caminando Fronteras.
La familia de Aboubakar Oumarou Maiga, víctima del Tarajal, con la investigadora y defensora de derechos humanos Helena Maleno. | Imagen cedida por Caminando Fronteras.

Cómo funcionan las alertas que encienden sospechas

Desde el colectivo  Caminando Fronteras , Helena Maleno y su equipo reciben numerosas llamadas desde las propias pateras. El trato cercano mantenido con las comunidades migrantes residentes en Marruecos impulsa a los pasajeros a llamarles a ellos cuando se encuentran en peligro. No saben si saldrán embarcaciones o no, indican siempre desde el colectivo. No se lo cuentan de antemano. 

Cuando el móvil de Helena Maleno suena, ese mismo teléfono que aparece intervenido en el expediente judicial, la activista trata de obtener toda la información posible de quienes piden auxilio con un objetivo: trasladársela a Salvamento Marítimo, el organismo dependiente del Ministerio de Fomento español encargado del rescate de personas en riesgo. También a las autoridades marroquíes, con menos recursos y menor capacidad de reacción. 

Cuando un periodista llama a Salvamento Marítimo para conocer los detalles de una patera desaparecida o rescatada, es habitual escuchar una respuesta similar: “Se activó el operativo de búsqueda tras el aviso de una cooperante”. Detrás de esa “cooperante” está Helena Maleno. Y sus alertas han permitido el rescate de centenares de vidas en el Estrecho. 

“Nos dicen que su barca está pinchada, que qué pasa que nadie llega a rescatarles, que tardan mucho… Nos transmiten mucha angustia”, explicaba la activista en un reportaje de 2012. Toda su labor está atravesada por la alegría de cada vida rescatada, de cada grito de “¡Boza!” (victoria), pero también por el dolor. 

Identificación de las víctimas de las fronteras

A pesar de los años entregados a esta causa, quienes la conocen saben que Maleno no se ha inmunizado del sufrimiento que contagian muchas de las historias escondidas en las cifras. Se percibe en su voz rota cuando describe detalles de algunas de las vidas que se tragan las aguas fronterizas. Cuando acaba de salir de una morgue y se dispone a hablar con familiares de las víctimas, para confirmar sus sospechas. Para confirmarles que el cuerpo que acaba de reconocer coincide con el de Cedrick, Ibrahim Patience...

Cuando tacha el número de supervivientes de una larga lista de pasajeros de una patera y aún quedan nombres en ella:  Samuel, Larissa, Veronique y tantos otros que fueron completando “ese puzzle de las pérdidas” en el empeño de la activista de personalizar a las víctimas de las fronteras.

Ante la falta de información oficial tras cada vida perdida en el Mediterráneo, el colectivo Caminando Fronteras activa sus redes para poder identificar quién está detrás de cada uno de los cadáveres que han aparecido en la costa andaluza. Para poder dar respuestas a las decenas de familiares y amigos que esperan saber si su hijo, hermana o marido están entre los que nunca llegaron al otro lado del Estrecho. 

Por su trabajo en la defensa de los derechos de los migrantes y, en concreto, de la infancia, la portavoz de Caminando Fronteras recibió el Premio Nacho de la Mata del Consejo General de la Abogacía Española. Durante la entrega del reconocimiento, su discurso provocó que el ministro de Justicia, Rafael Catalá, agachase la cabeza cuando mencionaba el “incumplimiento de la legalidad” en frontera. 

“Si me ahogo en un mar de lágrimas durante este discurso permitídmelo. Como se ahogó Prince, de dos años, en los brazos de su madre en el Estrecho de Gibraltar. Salvamento de Tarifa esperó a que fuesen rescatados por Marruecos, y esto no ocurrió”, arrancó Maleno.

Son muchas las veces que hemos dejado de escuchar por unos segundos a Helena Maleno al teléfono porque las lágrimas le impedían continuar. Al final lo hace, al igual que esta semana la activista reconocía buscar la forma de transformar su miedo en “fuerza” para afrontar ser interrogada por la justicia marroquí por su labor en la frontera española. 

Otro de sus retos consistía en “transformar el dolor en justicia”, un proyecto de Caminando en Fronteras con el que trata de impulsar que las comunidades de migrantes con familiares desaparecidos a las puertas de Europa se organicen para exigir información, justicia, reparación a las autoridades correspondientes. 

El caso del Tarajal y sus familias

Lo hicieron las familias de los fallecidos en el espigón del Tarajal (Ceuta) el 6 de febrero de 2014 en medio de pelotas de goma y botes de humo de la Guardia Civil. A través de una asociación, buscan la manera de ser escuchadas por el Ejecutivo español para poder identificar los cuerpos de sus allegados que aún permanecen sin nombre en nichos ceutíes y recordar que, detrás de esas personas muertas en las fronteras, hay otras que los extrañan y añoran justicia. 

Ese grito de Helena Maleno ha subido el volumen a las denuncias de la comunidad migrante sobre las vulneraciones de derechos humanos en las fronteras. Caminando Fronteras también documenta con informes, fotografías, testimonios, los abusos de las autoridades españolas y marroquíes sobre quienes intentan entrar en España de forma irregular.

Sus tuits, declaraciones y alertas han permitido desvelar el caso del Tarajal, la muerte de siete mujeres en el marco de un operativo conjunto entre España y Marruecos, muchas devoluciones ilegales en Ceuta y Melilla. Ha llamado la atención sobre rescates que se retrasan demasiado y aquellos que nunca llegaron. Ha enviado fotografías de decenas de personas que, sin agua ni comida, acaban de llegar a una isla militarizada.

Cuando están en apuros, acuden a ella. Maleno les escucha y, luego, chilla. Su grito es incómodo, porque, sin él, nunca habríamos escuchado las otras muchas denuncias que acompañan el suyo.

“Y, a veces, cuando se habla, corremos riesgos”, concluía la activista. Este martes Helena Maleno afronta uno de esos peligros, para ella y para muchos: la posibilidad de ser silenciada.  

http://www.eldiario.es/desalambre/defienden-Maleno-activista-espanola-Marruecos_0_714979372.html