Por la dignificación de la lengua andaluza

Por la dignificación de la lengua andaluza

Alí Manzano
Una de las señas de identidad de un pueblo colonizado es la estigmatización de su lengua y de su cultura, asumiendo la idea transmitida por el colonizador de cultura atrasada carente de valor de progreso y causante del atraso tecnológico y material.
Una vez asumido este axioma, el pueblo colonizado ya está sometido por asimilación al conquistador que impone una cultura y con ella unas formas de organización social y económica que son el verdadero causante del atraso material del pueblo colonizado.

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La consideración de la forma de hablar de los andaluces como “cateta”, propia de gente sin formación, y la visualización de la modalidad linguistica andaluza como impedimento para el progreso laboral y social conforman una situación de marginalidad inducida por los medios de comunicación y las instituciones académicas españolas en Andalucía que ahondan en la pérdida de la autoestima y en la visión de un pueblo incapaz de asumir su soberanía en base a una identidad cultural e histórica diferente.
Mientras que los andaluces y andaluzas no seamos capaces de romper con la estigmatización de nuestra habla y de nuestra cultura, dignificándola y difundiéndola, no tendremos las herramientas psicológicas y sociales para hacer frente al gran reto que demandan nuestras necesidades vitales de libertad y soberanía.
Hoy más que nunca, la lucha por la dignificación del habla y la cultura andaluza se presenta como la piedra angular sobre la que construir un presente de lucha y rebeldia que nos lleve por el camino de la construcción nacional en base de los derechos históricos que como pueblo ya habiamos conquistado.
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“Los derechos de los pueblos jamás prescriben” decía Blas Infante en alusión a la falta de concienciación del pueblo andaluz, esgrimida por quienes tienen intereses en mantener el status quo actual de sometimiento y explotación.
El trabajo de muchos andaluces en la denuncia de la situación colonial en Andalucía est á consiguiendo que muchos andalces se empiecen a cuestionar la marginalización de nuestra habla y cultura, lanzando un grito de rebeldía contra esta situación tan injusta y perniciosa para nuestro futuro.
Un ejemplo entre otros muchos, un botón que vale como muestra, es el video de este almeriense estudiante en Madrid:
 https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=nXXuE2VdwBg

LENGUA ANDALUZA: ¿Idioma, modalidad linguistica o dialecto?Habla andaluz sé tu mismo

LENGUA ANDALUZA: ¿Idioma, modalidad linguistica o dialecto?

De las condiciones enumeradas por Luis Villoro, para que un grupo humano sea considerado nación, todas son cumplidas con creces por Andalucía, aunque desde aquellas comunidades españolas que han sido favorecidas por la situación de colonialismo interior que ha sufrido Andalucía, se quiera convencernos de lo contrario, en base a –según ellos- la carencia de una lengua autóctona en Andalucía. Como ha demostrado el Dr. Moulines, la lengua, aunque es importante, ni define por sí misma, ni excluye a un grupo humano del reconocimiento de nación. Pero en el caso andaluz, esta afirmación de los pueblos del Norte, de una carencia de lengua propia, es completamente infundada; su fundamento está, -y a riesgo de hacerme pesado, volveré a decirlo- en mantener la situación de colonia interior, en no atribuir a los andaluces un elemento en el que ellos mismos –los pueblos del norte- se basan para reconocer el estatus de nación: la lengua. Por ello, a las diferencias lingüísticas andaluzas se les llama “dialecto”: una forma de hablar el castellano o español de un modo “peculiar”, a consecuencia de la escasa formación de los andaluces, objeto de la burla y el desprecio de los castellano-parlantes.

Decía Blas Infante, que el “genio” andaluz, solo necesitaba un período de libertad para salir a la superficie. No podía ser más certero nuestro insigne maestro. Si consultamos en la enciclopedia virtual WIKIPEDIA, “modalidad lingüística andaluza”, nos encontramos lo siguiente:
La modalidad lingüística andaluza (también llamada dialecto andaluz o simplemente andaluz) es la variedad del español que se habla en Andalucía, en el sur de España.
Aunque sufre variaciones geográficas, los hablantes de esta modalidad poseen muchas características en común, lo que unido a su elevado número hace que sea una de las variedades más importantes del idioma.
El origen de la modalidad lingüística andaluza debemos buscarlo en la época andalusí, en la cual el árabe vulgar hablado en Al-Andalus evolucionó hasta la lengua de alyamía, la hablada por los habitantes de Al-Andalus no relacionados con las élites dominantes (las cuales hablaban árabe o bereber). En la lengua de alyamía podemos ya encontrar bastantes de los rasgos hoy característicos de los andaluces. La posterior conquista castellana ocasionó que ambas hablas (la castellana y la andaluza) no divergieran sino que se encontraran, por lo cual hoy en día no suelen ser consideradas lenguas distintas. Al no provenir en su totalidad del castellano, algunos lingüistas opinan que no debe ser considerado diacrónicamente un dialecto de él; por eso el término que se considera más correcto para definir al andaluz (y el oficial según la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía) es el de «modalidad lingüística andaluza», aunque no estén de acuerdo todos los eruditos en el tema.
Las características principales del andaluz son una pronunciación bastante diferente de la castellana y un repertorio de palabras autóctonas, que sumadas a las castellanas determinan una relativa riqueza léxica. Existen asimismo algunas variaciones sintácticas y morfológicas.
Dentro del andaluz distinguimos dos grandes zonas: la occidental y la oriental. La zona occidental comprende las provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y la parte occidental de las de Córdoba y Málaga y la zona sur de Badajoz. La zona oriental se extiende por las provincias de Jaén, Granada, Almería y la parte oriental de Córdoba y Málaga, adentrándose incluso en la provincia de Murcia, en donde se funde con el panocho.
Características principales
• Neutralización de los sonidos de “s” y “z” iniciales o intervocálicos, lo cual, según la zona, deriva en ceceo o seseo. El ceceo podemos encontrarlo en las partes más meridionales de Andalucía, incluyendo la provincia de Cádiz (excepto la capital), y sur de Sevilla, así como las franjas del sur de Huelva, Granada y Almería. El seseo es la solución adoptada por el norte de las provincias de Huelva, Málaga, Sevilla, Granada, Córdoba, Jaén y casi la totalidad de Almería. En las zonas seseantes, el sonido realizado para la “s” es ligeramente distinto al castellano: mientras que la “s” castellana es ápico-alveolar, la andaluza es predorso-dental (salvo en ciertas partes de Córdoba, donde es coronal plana).
• Transformación de “s” final de sílaba en una breve aspiración, que a menudo puede llegar a modificar la consonante siguiente; por ejemplo, lo que un castellano pronunciaría “los barcos”, un andaluz diría como “loh varcoh”, en donde la “b” ha sido transformada en labiodental por el efecto de la aspiración. Las “s” finales de oración o de grupo fónico no se pronuncian en la zona occidental, mientras que en la zona oriental originan una abertura extraordinaria de la vocal precedente (esto también puede ocurrir a final de palabra).
• Rechazo a la “d” intervocálica, lo cual se nota sobre todo en los participios, como “cantao”, “bebío” o “partío”.
• Rechazo de numerosas consonantes finales, como “comé” en lugar de “comer”, “comerciá” en lugar de “comercial” o “comuniá” en lugar de “comunidad”.
• Neutralización de “l” y “r” implosivas, como en “arcarde” (alcalde).
• Pronunciación aspirada de la “j” castellana en la zona occidental, sonando como “h” aspirada inglesa o alemana, sonido del que el castellano carece. Asimismo, la “f-” inicial latina que en castellano ha dado “h-” muda, en la zona occidental a menudo se conserva aspirada.
• Realización palatal del sonido castellano de “ch”, llegando a sonar como la “sh” inglesa o la “sch” alemana. Sólo ocurre en la zona occidental.
• Desaparición del “de” de posesión: “casa María” en lugar de “casa de María”.
• Articulación de nombres propios: “la Marta”, “el Pedro”, etcétera.
• Ausencia de leísmos, laísmos y loísmos en la mayor parte del territorio andaluz, salvo en las capitales, en donde la fuerte presión de la modalidad castellana está introduciendo el leísmo de persona “le saludé”, en lugar de “lo saludé”.
• Un gran número de palabras que se usan exclusivamente en Andalucía (“arkausí”, “arresío”, “ehmoresío”, “arkatufa”, “arkansía”, “hamá”, etcétera), mayoritariamente de origen árabe andalusí.
• Sustitución de “vosotros” por “ustedes” sin cambiar la forma verbal: “¿Ustedes vais al cine?” (sólo se da en la zona occidental). En el imperativo plural se da un peculiar cambio: “ustedes callarse” donde el castellano dice “vosotros callad”.
Curiosidades
Como último apunte, mencionar que se han elaborado varias gramáticas del «idioma andaluz» durante la historia, para preservar su diferencia e impedir su fusión con el castellano, pero ninguna llegó a aprobarse oficialmente. La última elaborada fue durante la II República española, y fue presentada a Cortes junto con el Estatuto de Autonomía para Andalucía, pero debido al estallido de la Guerra Civil Española, no llegó a aprobarse.
Bibliografía relacionada
• Frago García, Juan Antonio, Historia de las hablas andaluzas, Ed. Arco/Libros, 1993.
• Mondéjar, José, Dialectología andaluza. Estudios, Ed. Don Quijote, 1991.
• Onieva, Juan Luis, Ortografía vocabulario para andaluces, Ed. Playor, 1985.
Esta definición de Wikipedia, aunque da una excesiva importancia al latín en el proceso de formación del andaluz, -algunos prestigiosos especialistas en el tema como el profesor Federico Corrientes no están de acuerdo- nos presenta una idea del andaluz muy diferente de la que nos llega de las instituciones y organismos oficiales, debido a la ausencia de lastre ideológico del que están impregnadas las instituciones españolas y andaluzas. Como hemos visto, el concepto que de la lengua andaluza se tiene fuera de Andalucía, empieza a cambiar cuando se trata el tema sin los prejuicios que sobre la historia y la cultura andaluza se tienen en España… y también en Andalucía (provocados por la educación asimilista).
En la definición de ‘modalidad lingüística andaluza’ que nos ofrece la enciclopedia Wikipedia, podemos ver una notable diferencia con la idea tradicional que desde España –Real Academia de la Lengua, instituciones educativas, medios informativos y culturales, etc.- nos ha llegado, haciéndonos participes a los andaluces de esa visión de la lengua andaluza como ‘dialecto’ o español ‘mal hablado’. A pesar de la dificultad que tiene la tarea de difundir la ‘realidad andaluza’ desde criterios de objetividad histórica, algo se ha conseguido, aunque todavía nos queda un largo camino por recorrer.
Alí Manzano

Carlos Cano: “Hace 500 años que perdí mi lengua”

Carlos Cano: “Hace 500 años que perdí mi lengua”

Tengo 53 años. Nací en Granada, en el barrio del Realejo. Soy cantautor. Vivo con mi segunda mujer, en Sevilla. Tengo tres hijos, Amaranta (25), Paloma (20) y Pablo (3 años y medio). Soy progresista. He lanzado el disco “La copla, memoria sentimental”, antología de coplas desde la II República hasta el año 1975

Me dijeron que Jomeini le invitó a cantar para él.

Eso se lo inventó “El Correo Catalán”. Lo que pasó es que el abogado Rojas Marcos le llevó como regalo unos discos, entre ellos uno mio, “Crónicas granadinas”.

—Y a Jomeini le gustó.

—Sí.y se oyó mucho en Radio Teherán. En ese disco yo empiezo cantando en árabe. Pero yo no soy responsable de la catadura moral de quién me oye. Lo cierto es que, para el mundo árabe, Al Andalus es el paraíso.

—Y para usted?

—La desaparición de Al Andalus fue un desastre para España. Aquello era el renacimiento y luego vino el oscurantismo.

—Usted, como granadino…

—Mire, una anécdota: en 1983 hice una gira por Marruecos. Al norte, en Agadir, los carteles decían: “Carlos Cano, cantante español”. En Marrakesh ya decían: “Cantante andaluz”. Y en Fez, dónde murió Boabdil: “Cantante de Al Garnata”, o sea, Granada. En el teatro Mohamed V de Rabat. alguien me grito: ‘“Granadino’, chante en arabe”. Y yo le respondí: “No puedo: hace 500 años que perdí mi lengua”.

—Vaya, lo siento.

—Quiero decir que los que vivían en Granada antes de los Reyes Católicos eran ya los granadinos. Ah, y yo creo que el andaluz es la manera árabe de hablar castellano.

—Qué recuerdos guarda de la Granada de su niñez?

La viví en la calle, con pandillas de niños, en una de las laderas de la Alhambra. Había burros, no coches. Hacíamos travesuras.

—Como qué?

No sé, chinchar a los guardias municipales, a los “guris”. Les molestaba mucho que les cantásemos: “Guri-guri, cantaba la rana,
debajo del agua”. Nos perseguían.

—;Empezó usted pronto a cantar, pues!

Nunca deseé ser cantante, me parecía aberrante. Simplemente, escribía canciones. Yo no era de los de “mamá quiero ser artista”. Las escribía por necesidad íntima. Pero, a los 30 años, en 1975, me convencieron para grabar “La miseria”, mi primera canción.

—Cómo se ganaba usted la vida antes de ese momento?

Yo vine a Barcelona a estudiar electrónica en la Escuela Industrial. Por las mañanas trabajaba de paleta. de albañil, a principios de los 70.

—Eso quedó en el pasado.

No crea. Hace poco llegué de un recital en Paris y me alojé en un hotel de Barcelona, en Les Corts. Me asomo al balcón y siento un vértigo. Reconocí ese vértigo: era el mismo que me entraba en el andamio mientras ponía los ladrillos… ¡de aquella misma pared de aquel mismo hotel!

—¡Qué casualidad!

O sea, ayer estás poniendo ladrillos, hoy de huésped del hotel y mañana llevando las maletas de otro huésped. Lección: no hay que creerse nada, nada es inmutable.

—Sobre todo la salud: usted tuvo un susto gordo…

Otra lección: aprendi qué es lo esencial y qué lo accesorio.., algo que cuesta mucho de ver en esta sociedad histérica que pone el trabajo en  primer lugar y las personas en tercero o cuarto.

—Cuénteme esa historia.

Tuve un aneurisma de aorta. Por hipertensión, se me reventó la aorta. Me la cambiaron entera, de arriba abajo. Tengo una cicatriz desde el diafragma hasta el costado, cortando todos los músculos del abdomen.

– uf…

Tuve que aprender a cantar de nuevo. No tenía las fuerzas de antes. Era bastante angustioso… Cantaba con el cerebro, porque el cuerpo no podía, no lo conocía, era otro.

—Pero lo ha conseguido.

Yo creo que ahora canto mejor. El conocer mejor el dolor y ciertos sentimientos cambia el color de tu voz. Yo noto la diferencia si oigo un disco mío de hace cuatro años.

—¿Cómo cambió todo eso su vida cotidiana?

—Antes me gustaba coger un azadón y ahora no lo hago. Ni corro detrás de un autobús. Y hacer deporte me parece una cosa grosera, para el “Madelman” y la “Barbie”.

—En qué otras cosas es usted diferente de hace cuatro años, además de en la voz?

En que ahora tengo más claro que nunca aquello de que “lo primero es lo primero, y lo segundo, lo segundo”. Es mi lema.

—Les lo que les enseña a sus hijos?

Sí, pero también que no me miren a mi como ejemplo: “No me miréis como ejemplo, soy una casualidad”, les digo. Una rareza. Yo no estudié para esto: yo me he inventado una cosa que se llama Carlos Cano.

—Cantante de coplas, ahora.

—Sí. La copla es una consecuencia de la música andaluza, próxima al flamenco. Suena a árabe y atlántico.

—Se ha identificado alguna vez con el patrón de cantautor político?

Yo he compuesto temas como “La murga del currelante”, pero el motivo de mi grito no ha emergido desde la política, sino desde la soledad del individuo. Me importa de los jornaleros la mujer que se gira en la cama y encuentra el vacío, y lo que eso significa. El concepto teórico me importa una mierda.

—lzquierda o derecha? ¿No es diferente?

—¿Coca-Cola o Pepsi? Los partidos políticas son de un tiempo muerto: hablamos con cadáveres.

—Pues España va bien.

VICTOR-M.AMELA

Carlos Cano: “Hace 500 años que perdí mi lengua”

LA ALJAMÍA O EL MESTIZAJE LINGÜÍSTICO EN AL-ANDALUS-Milagros Soler Cervantes

AL-ANDALUS: Historia y Cultura

LA ALJAMÍA O EL MESTIZAJE LINGÜÍSTICO EN AL-ANDALUS ® 

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 Artículo: Milagros Soler Cervantes

El término aljamía o alyamía es una palabra de origen árabe  عجمية   agamiyah o Aŷamī (en plural, Aŷam y A ̉āŷim). Significa extranjero haciendo referencia a lo que no es árabe. Se aplica por lo tanto a todas las lenguas que no tienen origen musulmán aunque éstas no deriven del latín. En Hispania se utilizará el término para designar la simbiosis que conformaron el árabe y las lenguas romances que se hablaban en la Península. Consiste en una mezcla singular del idioma musulmán y el latín vulgar (romance), también conocido como latiní. Se habla de texto aljamiado si la fonética latina se transcribe con el alfabeto árabe. Es posible que la idea se fundamentara en soluciones parecidas aportadas por fenicios y púnicos antes y durante la romanización, teniendo en común sus fundamentos semíticos.

La aljamía es pues, una lengua romance derivada del latín que tenía la singularidad de ser escrita con signos árabes.  Al producirse la diáspora del siglo VII en la Península Arábiga, cada una de las tribus que iniciaron la expansión tenía sus propios dialectos. Acabó imponiéndose como lengua común la de la tribu de Quraysh en la que El Corán fue revelado a Mahoma. Llegará  a consolidarse como el árabe clásico y se extenderá por todas las tierras que fueron conquistadas por el Islam, donde llegará a implantarse. La palabra A ̉ŷamī  la veremos escrita varias veces en el libro sagrado de los musulmanes.

Tribus árabes en el desierto.  

Las tribus de Arabia tenían sus propios dialectos. Se impondrá la lengua de la tribu de Quraysh, en la que El Corán fue revelado a Mahoma.

Desde el siglo VIII hasta el siglo X se fue forjando en las tierras del sur (al-Andalus) lo que será el andalusí, contemporáneo al latín vulgar que se hablaba en la Bética romana. Existió durante algún tiempo una suerte de bilingüismo generalizado. Pronto se terminará imponiendo el árabe, sobre todo en Valencia y el Reino de Granada. Para comunicarse   en las relaciones cotidianas, sobre todo en las transacciones comerciales con judíos y cristianos, los árabes  empezaron a utilizar el aljamiado. Por otra parte, la palabra aljama era usada en España durante la Edad Media para designar la comunidad de judíos y cristianos por lo que seguramente el término aljamía vendría a referenciar principalmente a una parte de la lengua española aculturada.

En la aljamía o latiní se incorporarán palabras del árabe culto y se arabizarán otras de origen latino. En muchos casos, esta trasformación se produce añadiendo terminaciones o artículos (al). De la utilización de la aljamía se tienen noticias desde el siglo IX en un tratado anónimo de botánica. Sin embargo, las obras mas consolidadas vendrán de la mano de los llamados diwanes. Estos consistían en poemas de exaltación y alabanzas a Dios, al Profeta o al Sultán, aunque su temática llegó a ser muy variada. Para Ben Yemia el carácter simbólico religioso de la lengua árabe asumía connotaciones de grafías sagradas ya que en ella se había transmitido y revelado escrito El Corán. Dejar de usarlo suponía someterse a costumbres paganas y renunciar por lo tanto a su Dios y a sus raíces culturales, entendiéndose así como un gesto de debilidad.

    Guía árabe de plantas medicinales

La convivencia de cristianos, moros y judíos en las ciudades medievales potenció el uso del aljamiado. Tratado de botánica  en aljamiado.

Esta simbiosis lingüística se  ha venido produciendo en diferentes momentos de expansión semítica, fruto de la necesidad de tener que escribir con signos conocidos (árabes y hebreos) un idioma del que sólo se dominaba la fonética. Tal es el caso del turco, el persa o el serbocroata. Durante la Edad Media, el mozárabe (musulmán)  y el ladino  (judío) serán dialectos totalmente aljamiados. También fue usado por los moriscos terminada la reconquista, una vez que los Reyes Católicos rindieron el Reino de Granada (1492). En España, según Epalza, la aparición de la aljamia tendrá lugar en Castilla la Vieja hacia el año 1460 teniendo mucho que ver con ello la caída de Constantinopla en manos musulmanas (1453). Este hecho dio lugar a que el turco se escribiera con signos árabes. Los moros españoles adoptaron la aljamía definitivamente en el siglo XV. Para Epalza el origen es consecuencia de la fuga de alfaquíes que se produce a partir del siglo XIII.

 

Caída de Constantinopla (1453) y bautizo masivo de moriscos tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos.

 

Rendición de Granada. Boabdil entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. Año 1492

Patrick Harvey cree que Juan de Segovia (1393-1458) contribuirá notablemente en la vinculación de las lenguas latina y árabe. Pretende con sus escritos llegar a un entendimiento dialogado entre ambas culturas. En 1453, año de la caída de Constantinopla,  dedicará todo su empeño a escribir su obra De mittendo gladio Divini Spiritus in corda sarracenorum. Desde el Concilio de Basilea se interesa por El Corán, los ritos y tradiciones de los moros con la intención de buscar la mejor manera de convertir a los mudéjares al cristianismo. Llegará a conseguir una versión de El Corán en latín escrito por Pedro de Cluny del siglo XII. Su interés por los problemas islámicos se remonta incluso antes de Basilea ya que en el año 1431 participó en una célebre disputa en Medina del Campo con un embajador enviado por el rey de Granada.

El fiqh  o derecho islámico también necesitó de la escritura aljamiada. En 1462 un alfaquí de la mezquita de Segovia escribió un breviario en lengua romance con caracteres árabes. Este Breviario Sunní atribuido a  Iça Gideli estaba dirigido fundamentalmente a la población mudéjar que se había apartado del conocimiento de sus mayores. Sin embargo, Epalza afirma que no hay ningún texto anterior a 1462. Un puesto relevante en la escritura aljamiada lo ocupa el Mancebo de Arévalo. Morisco abulense de gran creatividad literaria, fue obligado a convertirse al cristianismo. A principios del siglo XII viajó con frecuencia a Granada después de la conquista por parte de los Reyes Católicos. Harvey nos informa que el Mancebo de Arévalo llevó el aljamiado desde Castilla hasta Aragón, aportando a esta lengua bastantes aragonesismos. Vemos como esta forma de lenguaje pasa por distintas etapas de aceptación y expansión iniciándose en Castilla entre los años 1462 y 1501 con la primera tradición de El Corán al castellano ( Içe De Gebir) y trasmitiéndose a Aragón gracias a la obra del Mancebo de Arévalo.

    

Texto aljamiado del Mancebo de Arévalo

Esta etapa aragonesa se inicia a partir del año 1501 en un contexto  de mudéjares muy adaptados a la cultura castellana llegando al momento de la  cristianización obligada. Finalmente, cuando se decreta la expulsión de los moriscos el aljamiado deja de tener sentido en España y los cristianos nuevos utilizan el castellano sin posibilidad de otra opción. El fuerte arraigo de esta forma de adaptar los signos a la oralización latina es para muchos la prueba de que no hubo tal invasión de hordas guerreras  sarracenas, sino una llegada progresiva de pueblos norteafricanos a través del estrecho y las costas andaluzas. Una fuerte invasión habría terminado imponiendo su idioma, como ocurre en todos los casos de colonizaciones violentas. La escritura con caracteres árabes de fonética y significado romance fue el idioma más utilizado en al-Andalus hasta el final de la reconquista. Su influencia llegará también hasta los dominios de Aragón y Castilla donde la nobleza, menos interesada en las formas literarias, había encerrado en sus monasterios el arte de los manuscritos. En la mayoría de la población los signos latinos apenas eran conocidos.

Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra de Granada. Pintura de Gómez Moreno.

Aunque el árabe era la lengua oficial de al-Andalus, el latín vulgar arraigado durante la dominación romana nunca dejará de hablarse. Incluso en aquellos territorios conquistados por los cristianos, los mudéjares (mudayyan, que significa sometido, al que se le permite quedarse) continuaron durante mucho tiempo viviendo en barrios exclusivos llamados morerias en los que mantenían, con ciertas limitaciones, sus costumbres y tradiciones. De ese término, se pasó al de morisco, es decir, musulmán cristianizado que había sido bautizado en la fe católica, muchas veces para salvar la vida. La aljamía puede considerarse una lengua vulgar, mezcla del árabe y el latín. Tanto en un caso como en otro, el aspecto culto de ambas formas se conserva casi exclusivamente en rezos y composiciones literarias utilizadas por minorías aristocráticas. Nos dice Coloma Lleal en La Formación de las lenguas romances peninsulares:

 

“En el periodo inicial, el romance andalusí se caracterizaba por su mayor fidelidad al latín, lo cual se refleja en la presencia de abundantes arcaísmos léxicos y la conservación prácticamente inalterada de la forma fonética latina”

 

Según algunos especialistas, la aljamía puede considerarse como una lengua romance más de la península ibérica, comparable a las que se formaron en Galicia, León, Asturias y Castilla durante los siglos VIII a XI, pero con la singularidad de sustituir los signos romanos por las grafías árabes. Ateniéndonos a la afirmación de Coloma Lleal, en la que asegura que el romance andalusí conserva abundantes arcaísmos, podría explicarse que en Andalucía existan topónimos como Castril, Castell de Ferro, Poqueira, Ferreira. Se habían pretendido justificar con repoblamientos y emigraciones de los habitantes del norte, después de la conquista cristiana. Pero estos presuntos flujos de población, si existieron, no debieron ser tan importantes como para considerarlos colonizadores de nuevos territorios en al-Andalus. 

Diferentes tipos de vestimentas árabes

La semejanza y paralelismo entre lenguas de geografías tan distanciadas como Galicia y Andalucía deben entenderse, según Menéndez Pidal, como consecuencia de la homogeneidad territorial que llevó consigo la dominación visigoda. Menos plausible resulta el hecho en el que se hace fuerte Coloma Lleal cuando mantiene que estas semejanzas tienen que ver con la preferencia de los andalusíes por las esclavas gallegas. Por mucha que fuera la influencia de las mismas, no terminaría de dejar bien explicadas tales similitudes. Ni siquiera la emigración de contingentes andaluces a esos territorios del norte dejaría claro que, al regresar a su tierra, adoptaran para ellas nombres extranjeros. Puede entenderse como normal que un emigrante designe con el nombre de su patria un territorio nuevo conquistado, pero es extraño que aquellos que vuelvan a sus lugares de origen, den nombres foráneos a la región que ocuparon sus ancestros.

Expulsión de los moriscos. Hasta el último momento el idioma árabe estuvo vivo entre ellos.

El idioma arábigo no dejó de usarse en Andalucía tras la toma de Granada, como muchos han creído demostrar. Cuando los Reyes Católicos visitaron en 1491 la ciudad vieron, con desagradable sorpresa, que sus gentes se mantenían fieles a los usos y costumbres nazaríes. Hasta tal punto fue así, que encargaron al cardenal Cisneros la “cristianización” inmediata de la provincia, con toda la fuerza y los medios que tuviera a su alcance. Juan Martínez Ruiz, citando a Miguel Griffin, asegura que: 

“…Hasta el último día de estancia de los moriscos en Granada, el árabe fue la lengua viva  única de gran cantidad de vecinos de pueblos granadinos, como por ejemplo los de las Alpujarras” 

Carmen Barceló y Ana Labarta coinciden con estos investigadores al aseverar que en el Reino de Valencia, el árabe se habló hasta el mismo momento de la expulsión de los moriscos  y que nunca llegó a estar censurado.  Fue en 1566 cuando Felipe II prohibió el uso de la lengua árabe, criminalizando su utilización.  Tres años dio de plazo a los moriscos para aprender el castellano, si bien gran número de ellos ya dominaban cierto bilingüismo, como ya hemos señalado antes. Antonio Domingo Ortiz observa que:

 

“Los mudéjares castellanos debieron olvidar completamente el árabe, pues en 1462 el alfaquí mayor de Segovia hubo de redactar en castellano la Suma de los principales mandamientos de la lay Alcoránica”

 Recepción califal en Madinat al-Zahra según el pintor Dionisio Baixeras   Abderamán III recibe a una comisión de emisarios cristianos.

Conviene señalar que la existencia de la aljamía no excluyó el uso de la lengua árabe en Andalucía. En el Reino de Granada, en Aragón y en el de Valencia, también se utilizaba de forma cotidiana, tanto en sus aspectos cultos como populares y en documentos escritos oficiales y literarios (siglos XII – XVI).No era extraño el bilingüismo en mudéjares y moriscos. Algunos manuscritos medievales gallegos y castellanos tienen anotados en sus márgenes palabras aljamiadas. De hecho, en el paisaje de las lenguas medievales se daban complejas combinaciones que podrían enmarcarse, a grandes rasgos, en territorios en los que:

– se hablaba y se escribía en árabe

– se hablaba y se escribía en latín vulgar

– se escribía latín vulgar con grafía árabe (aljamiado)

– se hablaba en árabe y se escribía con signos latinos.

Utilizando la escritura aljamiada se realizaron obras muy variadas y de excelente calidad. Luis Bernabé (Op. 1994b 322-323), atendiendo a los temas tratados y al estilo en el que éstos se exponen, establece la siguiente clasificación:

A).- TEXTOS RELIGIOSOS :

 1.- Ciencias coránicas

1.1. – El Corán

1.2. – Comentarios

1.3. – Lecturas coránicas

2.- Ciencia de los Hadices

2.1. – Colecciones

2.2. – Crítica interna

3.- Gramática y lexicografía

4.- Sermones

5.- Polémicas

6.- Textos jurídicos

6.1.- Textos jurídicos doctrinales

          6.1.1. – Compendios

          6.1.2. -Capítulos

6.2. – Formularios notariales

6.3. – Formularios de contratos

6.4. – Cuestiones resueltas

7.- Literatura piadosa

7.1. – Normas ascético morales

7.2. – Plegarias

7.3. – Profecías

7.4. – Autobiografías y viajes

7.5. – Gestas expansionistas

7.6. – Relatos morales ejemplarizantes

7.7. – Relatos escatológicos

7.8. – Poesía religiosa

 

B).- TEXTOS NO RELIGIOSOS

1. – Escritos supersticiosos

2. – Recetas médicas e higiénicas

3. – Cuentas particulares

4. – Itinerarios

5. – Literatura profana

En lo que respecta a Andalucía, la represión seguida a la Rebelión de las Alpujarras hizo imposible la pervivencia del árabe en esa parte de la Península. Las sangrientas persecuciones y la pragmática de los Reyes Católicos contribuyeron a la desaparición del aljaimí. Poco después de abandonar su oralización, los escritos dejaron definitivamente de producirse. Por sus características en la forma de plasmar la fonética, los textos aljamiados dan un valioso testimonio de las formas de pronunciación del castellano medieval.

En la actualidad, algunos grupos de tendencias nacionalistas, propugnan la aljamía como idioma característico del pueblo andaluz. Sin embargo la realidad socio-cultural de la época en la que surgió esta forma de lenguaje escrito nada tiene que ver con la identidad de quienes ocupan en nuestro presente ese entorno geográfico. Forma parte, eso sí, de su riquísimo legado cultural, fruto de un histórico pasado de mestizaje. Desde el principio, la escritura aljamiada ha sido símbolo del esfuerzo  por la integración cultural, al mismo tiempo que la resistencia a olvidar sus orígenes del pueblo musulmán andalusí.

 

Historia Del Habla Andaluza

La ideologización de la Historia

 

iberia_09001La Historia no es una ciencia. Es muy difícil que el historiador se sustraiga a su ideología y sea totalmente subjetivo. Y si esta ideologización pasa hoy con todos los medios de comunicación que existen y con las posibilidades de contrastación de las fuentes, imaginemos entonces las visiones subjetivas y las manipulaciones ideológicas que había en épocas como la Edad Media. En el caso del historiador de la lengua tampoco escapa a esta ideologización. Y eso es lo que ha pasado con la Hª del andaluz, que al ser estudiado desde una óptica castellana se ha perseguido todo aquello que fuese bien para la tesis final que se mantiene, que no es otra que el andaluz es un dialecto del Castellano o una forma diferente de hablar el español como sostienen los filólogos más “andalucistas” porque hay otros que no contemplan ni eso, sino que creen que el andaluz es un castellano mal hablado. Y no crean que esta postura es defendida desde fuera de Andalucía pues un filólogo granadino como Gregorio Salvador, que fue ayudante de Manuel Alvar en la confección del Atlas lingüístico de Andalucía llegó a declarar, rizando el rizo, que “hablar de dialecto andaluz es de imbéciles” declaraciones hechas a Diario-16 de Andalucía el jueves 6 de marzo de 1997 durante los mismos días que se celebraba el I congreso del habla andaluza.

Es constatable en los diferentes libros que se han dedicado al habla andaluza cómo detrás de la posición “científica” subyace una posición ideológica a favor de la “unidad del idioma español” que determina el resultado de la tesis expuesta. Expresiones como las de Antonio Narbona, catedrático de la lengua de la Universidad de Córdoba y presidente del Seminario Permanente del Habla Andaluza vienen a ilustrar que en materia de lengua, como en todo, prima la ideología; ” El futuro del español hablado en Andalucía no puede ser considerado al margen del futuro del español, sin adjetivos. Aunque se han levantado voces pesimistas que temen una nueva fragmentación semejante a la que originó, a partir del latín, las distintas lenguas románicas, hay que pensar que las circunstancias históricas son muy otras…..La intensificación creciente de las comunicaciones y de las relaciones entre todos los pueblos de habla hispana….nos defenderá de las fuerzas disgregadoras)”. (LAS HABLAS ANDALUZAS- CajaSur-1987).

En este texto vemos la preocupación del filólogo por la unidad del idioma español temiendo una fragmentación como la que sufrió el latín, pero que gracias a la cual surgió la lengua que hoy tanto teme que se fragmente. El latín pervivió unido mientras existió una administración única y un ejército en todo el territorio, y una organización como la iglesia que velaba por su conservación.

En el caso de la Bética, el idioma autóctono tartésico-turdetano pervivió durante varios siglos a la romanización. Incluso cuando ésta se produjo se hizo conservando una peculiar forma de pronunciación que abarcaba incluso a personas tan letradas como el propio emperador Adriano que según nos cuenta el historiador Espartiano en una anécdota recogida por Rafael Lapesa en Hº DE LA LENGUA ESPAÑOLA (Editorial Gredos) su peculiar forma de pronunciar el latín con su marcado acento regional en un discurso ante el Senado Romano cuando era cuestor, despertó las risas de los senadores. Si un hombre culto como Adriano conservaba en la Roma del siglo II peculiaridades fonéticas de su Bética natal, mucho más durarían éstas entre las clases populares poco letradas. Estas clases populares fueron las que en su hablar cotidiano iban corrompiendo el latín dando lugar con el tiempo a una nueva lengua . En los reinos cristianos del norte peninsular el nuevo poder emergente adopta las incipientes lenguas romances derivadas del latín como propias , sin embargo, en Andalucía, el nuevo poder político imperante adopta la religión musulmana como propia y el árabe, idioma oficial de la religión, como lengua del estado y de la enseñanza. La presencia del árabe como lengua oficial en Andalucía, en unos siglos en que se estaban formando las lenguas romances ha supuesto para Andalucía el que no contara con una lengua romance como idioma oficial o cooficial. Pero la no existencia del romance como lengua oficial no significa que no existiera como lengua coloquial entre la población de Al-Andalus..

Existencia del Aljamía

Existen suficientes pruebas y testimonios de la existencia en Andalucía de una lengua romance, por otra parte bastante lógico en una tierra tan profundamente romanizada como fue la Bética. En un libro de un supuesto filósofo cordobés llamado Virgilio nos dice que en Andalucía había dos maneras de hablar latín, una “latinun circa romançum” o latín romanceado que entendía todo el mundo y un “latinum osbscurum” que sólo entendían los doptos y clérigos. A esta lengua romance , las crónicas de la época la denominan Aljamía.

El término “aljamía” designa, en general, a la lengua no árabe, y que aplicado a lo que hablaban los andaluces y que algunos textos también designan como “latiní”, era una lengua romance derivada del latín y que por influencia de la lengua culta del momento, el árabe, fue incorporando términos del árabe directamente o a través de una transformación fonética o por simple asociación de ideas o conceptos. En algunas ocasiones esta transformación sólo consistía en añadir el artículo árabe “al” a la palabra romance, o simplemente el vocablo aljamiado provenía de una deformación fonética de un vocablo árabe, que se ha adaptado a la pronunciación propia del pueblo.

Complicado sería describir en poco espacio los mecanismos que han llevado a la consolidación de un habla. De todas maneras, el resultado de todas estas transformaciones, del latín al romance, o del árabe al romance, es la creación de una nueva lengua que se le denominó ALJAMIA.

Esta lengua “vulgar” era la que conocía y empleaba todo el mundo en sus conversaciones familiares e informales, no sólo los cristianos, sino también los musulmanes y judíos. Incluso el propio califa Abderrahman III lo empleaba como lo demuestra una anécdota recogida por R. Menéndez Pidal en Orígenes del Español “Entre los musulmanes también continúan usándose las dos lenguas. Abderrahman III y sus cortesanos bromean, improvisando versos en los cuales intercalan una frase española (sic) que sirve de rima”. Por lo tanto, existía un perfecto bilingüismo (incluso trilingüismo entre los judíos) en la sociedad de Al-Andalus. Este bilingüismo, tanto de musulmanes como de cristianos cultos, era lo normal “Todos los escritores árabes españoles interesados en la nomenclatura de las cosas aluden a cada paso a la lengua romance usada entre ellos” nos dice Menéndez Pidal en su libro ORÍGENES DEL ESPAÑOL, y sigue contándonos “El hecho de carecer de este bilingüismo parece raro ; el cordobés Ben Házam (muerto en 1064), hablando de varias singularidades que en sus costumbres tenía la familia árabe de los Bali, establecida en Morón y en un pueblo al norte de Córdoba, dice como cosa chocante: Por lo que toca a su lengua, no saben hablar en latinía (o romance) sino exclusivamente en árabe”. También, aunque no muy común, existían casos entre la alta sociedad andalusí de religión musulmana que no sabía hablar el árabe y sólo se expresaba en lengua aljamiada o romance, como se desprende de una anécdota del libro de Aljoxaní, escrito en el siglo X, “Historia de los jueces de Córdoba”.

  • Igualdad del Aljamía con los otros romances peninsulares.

Por dos razones:

  • proveniencia del mismo tronco latino.
  • influencia andaluza en los otros romances.

Una vez reconocida la existencia de esta lengua romance en Andalucía se plantea el problema de ver como era esa lengua, tarea difícil, debido a los pocos textos y palabras sueltas que se han encontrado en las jarchas y en escritos de algunos científicos andalusíes, sobre todo botánicos, o en un diccionario latino-árabe del siglo X, y complicado también porque debido a la sustitución del latín por el árabe como lengua culta y de escritura, en Andalucía, la lengua aljamiada no se llegó a representar con grafía latina quedando solamente como lengua hablada por lo que sólo se ha podido reconstruir la interpretación del aljamía a través de los textos árabes en los que se emplean términos aljamiados pero con la dificultad que entraña escribir con caracteres arábigos una lengua tan distinta como el romance latino.

El resultado de las investigaciones es que el aljamía era igual que las demás lenguas romances de la península, sobre todo las que se hablaban en Galicia, Asturias, y Castilla y León; siempre refiriéndonos a los primeros siglos de formación de las lenguas romances, siglos VIII, IX, X y XI sobre todo.

Como dice Coloma LLeal en LA FORMACION DE LAS LENGUAS ROMANCES PENINSULARES, ” En el período inicial, el romance andalusí se caracterizaba por su mayor fidelidad al latín, lo cual se refleja en la presencia de abundantes arcaísmos léxicos y la conservación prácticamente inalterada de la forma fónica latina”. La semejanza entre los romances del norte y el romance aljamiado andalusí lo atestiguan los primeros textos latinos en los que se intercalan palabras romanceadas y así lo manifiestan los lingüistas. “Muchos de los rasgos lingüísticos de la zona asturiana en ese período inicial coincidían con los que hemos ya analizado a propósito del mozárabe”… “Por su carácter arcaizante, el romance gallego presentaba muchos elementos en común con el romance andalusí o mozárabe” Esta coincidencia entre los distintos dialectos romances de la península queda reseñada por otros especialistas como el caso de Menéndez Pidal o Rafael Lapesa, estableciéndose como común denominador de todos ellos al mozárabe. Y es aquí donde se han estancado las interpretaciones de estos grandes estudiosos, en constatar que en Andalucía hubo una época (siglos IX, X, XI y posiblemente antes) en que se decía “non queres meu amore”, “non me mordas”, “llança” por lanza, “fora” en vez de fuera, “colombaira” en vez de palomar,” Genair” por enero ,etc…

Así se explica la existencia en algunas zonas de Andalucía de topónimos como Aldeire, Poqueira, Pampaneira, Ferreira, Alpandeire, Castell de Ferro, Castril, Deifontes, etc que han subsistido como arcaísmos y no como se creía que eran producto de repoblaciones. Pero las coincidencias entre los romances del norte (sobre todo los de Castilla y León) y el romance aljamiado de Andalucía además de por el origen común del latín tiene otra explicación que los especialista parecen obviar. La zona norte de la meseta estaba casi despoblada en el siglo VIII. Lo que algunas historias llaman “reconquista” , según el historiador de Castilla Fray Justo Pérez de Urbel (en su Hª del Condado de Castilla) la repoblación sistemática de la meseta al norte del Duero hace que ” hasta los comienzos del siglo X <la reconquista> más que una acción guerrera, sea una pressura, una verdadera ocupación del suelo abandonado”. Pues bien, la repoblación de esta zonas baldías del norte peninsular se hizo con un aporte importantísimo de mozárabes andaluces como se desprende de las propias crónicas cristianas de la época y la existencia de multitud de pruebas de este traslado de andaluces al norte que recogen los propios historiadores .

Es difícil cuantificar el total de repobladores pero lo que sí es cierto es que cuantitativamente y, sobre todo, cualitativamente, supusieron un aporte importantísimo a los nuevos reinos del norte que fueron incrementando su potencial demográfico con gentes del sur, y los descendientes de los primeros repobladores que con el paso del tiempo ya se consideraban oriundos del lugar y que pasarían a engrosar el “potencial demográfico propio” que señala J. L. Montero Guadilla, o el “suas gentes” de que hablan algunas crónicas de la repoblación.

Este texto de Montero Guadilla, de su libro “La reconquista que nunca existió” podría ilustrar esta aportación andaluza al norte.

“La emigración de mozárabes de Al-Andalus a partir de la segunda mitad del siglo IX provocó la difusión , entre estos pueblos de una serie de elementos culturales de vital importancia: cristianismo, cultivos cerealísticos, formas de propiedad privada de la tierra que pasaron a sustituir el tradicional disfrute comunal de la misma, derecho escrito de tradición romana, estructura social jerarquizada y nuevas formas políticas basadas en una monarquía, electiva en principio, y que terminó acabando en hereditaria. Estas transformaciones provocaron un desarrollo general que acabó expresándose en un movimiento de expansión territorial más allá de los límites geográficos de estos pueblos, expansión que fue posible en sus inicios gracias al potencial demográfico propio más el recién llegado de al-Andalus, así como a la existencia de un territorio considerado como tierra de nadie, débilmente poblado”

Sería lógico pensar, aunque Montero Guadilla no hace referencia explícita, que entre el bagaje cultural que llevaban estos emigrantes andaluces también estaría su lengua romance aljamiada, como se puede deducir de algunas palabras claramante aljamiadas por su procedencia del árabe que aparecen en los manuscritos del norte o por la procedencia andaluza contrastada de sus autores, como es el caso de los monjes que dejan escrito en el acta de fundación de una iglesia su procedencia cordobesa o de algunos notarios leoneses que utilizan un latín arcaico propio del Al-Andalus y de los que Menéndez Pidal, en “Orígenes del Español” nos dice “Quizás los más eran notarios mozárabes, que heredaban de la época visigótica esas viejas formas del latín hablado al tiempo de la invasión árabe, gentes que se hallaban estancadas en una vieja cultura latina a causa del apogeo de la cultura oficial musulmana”.

Hasta aquí hemos visto la existencia de una lengua romance en Andalucía que era muy parecida a las otras lenguas romances peninsulares. Pero ¿qué pasa a partir de la conquista castellana del Valle del Guadalquivir? Según la historiografía oficial, a partir de entonces, desaparece de Andalucía todo el substrato humano y cultural anterior, naciendo una nueva Andalucía como apéndice de Castilla, “la novísima Castilla” la han llegado a calificar algunos. Para estos historiadores, todo lo que hoy es Andalucía incluida por lo tanto la lengua, nace a partir de esa conquista castellana. Andalucía es vaciada de población y repoblada por personas del norte peninsular. Esta teoría está más cerca de la tergiversación del nacionalismo español que de la realidad histórica analizada con un mínimo de objetividad. Así vemos como un especialista de la época, Manuel González Jiménez, (EN TORNO A LOS ORÍGENES DE ANDALUCIA -LA REPOBLACIÓN DEL SIGLO XIII, Universidad de Sevilla) después de afirmar en el prólogo, en un manifiesto de sus posiciones ideologico-históricas, que los andaluces de antes de la conquista fueron expulsados en su casi totalidad y que gracias a la repoblación nace ” una Andalucía nueva, distinta de la hasta entonces existente y radicalmente transformada en sus estructuras básicas- demográficas, económicas, culturales…” Después, a medida que va entrando en el tema, reconoce la escasa fiabilidad de las fuentes: “en algunos casos, del repartimiento sólo han llegado a nosotros simples nóminas o listas de pobladores, casi todas ellas de escasa fiabilidad”(pág. 24); “Nunca llegaremos a conocer, ni siquiera de forma aproximada, el número de las personas que acudieron a establecerse en Andalucía a raíz de su conquista en el siglo XIII”(pág. 45). Incluso se reconoce el fracaso de la repoblación oficial a la que aluden las crónicas tendenciosas de la época: “Es evidente que puede hablarse de un cierto fracaso, todo lo relativo que se quiera, pero fracaso al fin, de la repoblación “oficial” realizada en tiempos de Fernando III y de Alfonso X”. (pág. 156).

La situación histórica del siglo XIII es muy diferente a la que nos quiere pintar la Historia oficial. Gran parte de la población es la misma compuesta por los antiguos pobladores béticos islamizados (cristianos, musulmanes o judíos que se adaptan a la nueva situación). Los expulsados serían las clases militares dirigentes beréberes y los más radicales andalusíes que no aceptan el nuevo poder cristiano. Esta gran masa de población que aún conserva su habla romance se entiende perfectamente con los conquistadores que traen una lengua muy parecida como ya hemos visto antes. En el siglo XIII, que es cuando se realiza la conquista del Valle del Guadalquivir el idioma que se conoce como castellano estaba en plena formación, al igual que las demás lenguas romances de la península. El hecho de que Andalucía sea conquistada por Castilla es determinante para que el romance andaluz no evolucione autónomamente como lo hicieron otros romances peninsulares sino que, por el contrario, es sometido constantemente a correcciones, desprecios y represiones con el objetivo de unificar la lengua en todo el territorio de la corona de Castilla imponiéndose la norma castellana como norma culta pero perviviendo entre el pueblo, sobre todo el más humilde, el romance aljamiado influido en este caso por el castellano.

Al margen de la discusión de si el andaluz tiene su base en el romance aljamiado o en el castellano, nadie puede negar el derecho de Andalucía a elevar su peculiar forma de hablar a la categoría de idioma si existiera una voluntad mayoritaria y una academia que estableciera las normas. El que muchos lingüistas consideren al andaluz como dialecto del castellano no es óbice para coartarle una evolución natural que no tiene por qué coincidir con el castellano, a no ser que exista una clara intencionalidad política de que esto no suceda y eso es lo que hemos sufrido durante estos siglos de aculturación castellana.

http://www.andalucia.cc/adarve/historiahablaandaluza.htm

Blas Infante Pérez (padre de la patria Andaluza)

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BLAS INFANTE PÉREZ

Manuel Ruiz Romero

El reconocido con el decimonónico y libertador título americanista de Padre de la Patria Andaluza, tanto por el Parlamento de Andalucía (abril de 1983), como por el Congreso de los Diputados (noviembre de 2002), nació en la localidad malacitana de Casares el 5 de julio de 1885.

De padres humildes, cursa sus primeros estudios en el internado del colegio de los Escolapios en Archidona examinándose por libre en los Instituto de Cabra y Málaga. A estos primeros años fuera de su casa y a sus recuerdos de niño, irían para siempre asociada su sensibilidad ante un mundo jornalero que le impacta en sus formas y por su insuficiente calidad de vida.

Ya en 1905 ingresa en la Universidad de Derecho de Granada donde obtiene la licenciatura con brillantes resultados para, posteriormente, acceder a una carrera notarial que le depara su primer destino en Cantillana (Sevilla) allá por el año 1910. Será en esta localidad donde toma contacto, de la mano de Antonio Albendín, con el georgismo, corriente económica asociada al socialismo utópico que defendía el valor del trabajo por encima del precio de la propiedad. En la primera etapa de su vida, esta tesis impregnará a un Blas Infante deseoso de buscar soluciones al problema de la tierra que viene observando a lo largo de toda su vida, en paralelo, a la toma de contacto que mantiene con el Ateneo de Sevilla como significativo centro cultural de la época.

En su devenir, Infante acabará desencantado de uno y otro ámbito, pero no cabe duda que ambos supondrán un nutriente fundamental en la formación de su ideología y proyecto. Con los primeros, participará activamente en el I Congreso Internacional Georgista celebrado en Ronda en mayo de 1913, así como en las páginas de su medio oficial El Impuesto Único.

Incluso, con el citado foro hispalense, participará del impulso de la revista culturalista Bética una vez recibe las primeras influencias de un regionalismo pequeño burgués que reflexiona y promocionaba un proyecto vertebrador mancomunal de Andalucía a través de las páginas de El Liberal y, por medio de entusiastas exaltaciones Florales. El propio Infante, presenta una ponencia en la aludida sede ateneísta llamada El Ideal Andaluz embrión de los que será en 1915 un primer libro “joven y de juventud”, como él mismo lo define.

Como hemos advertido, estos primeros titubeos económicos y culturales, aún siendo importantes por cuanto su carácter iniciático, son superados en la medida que se perfila la respuesta a unos problemas cuya respuesta debe partir sólo desde la propia voluntad y energía de los andaluces. En la medida que la reflexión personal inicia sus pasos para transformarse en movimiento colectivo y, como veremos, toma contacto con otras ideologías emergente de la época, Infante no sólo rechaza las propuestas de un regionalismo conservador que le presenta Cambó, sino que comienza a definir su opción como una necesidad de evidentes dimensiones políticas por encima de otras consideraciones sectoriales y, como una respuesta de igual índole, a la dimensión caciquil, centralista y monárquica de la Restauración.

La superación de esta primera etapa da lugar a importantes y significativos cambios que demuestran hasta que punto las primeras posiciones quedan atrás. Infante, en su prioritaria respuesta política rompe con la ortodoxia georgista y la ilustración burguesa ateneísta, y emprende la creación de los llamados Centros Andaluces, entidades desde las que, por diversos puntos de Andalucía y fuera de ella, se difunde un novedoso discurso alternativo para esta tierra. A partir de ellos concretará unos nuevos símbolos identitarios (hoy día reconocidos institucionalmente), y cuyo programa aspira a concretarse en la Asamblea de Ronda de 1918 en lo que es el primero de los intentos por madurar el movimiento en orden ideológico y estratégico. Para esta nueva dimensión social el colectivo se dota de dos importantes instrumentos: la revista mensual Andalucía (1916-1920) y las páginas del semanario El Regionalista (1917-1920), autotitulado significativamente: Defensor de los intereses autonómicos de Andalucía. Precisamente, en respuesta a las conclusiones de la cita rondeña, el Centro Andaluz de Sevilla en representación de sus homólogos, solicita a la Diputación y al Ayuntamiento hispalense “se dirija a los poderes centrales (…) a fin de que concedan por decreto la autonomía (…) en iguales términos que a las demás de España”. Texto al que no dudamos de calificar, aún sin efecto, como la primera petición de autonomía política que se realiza para Andalucía.

Podría decirse que el movimiento que emerge es también fruto de la radicalización que envuelve al Trienio Bolchevique, así como de la ausencia de reformas de un turnismo caciquil donde se parapetaba una monarquía insensible a las demandas populares. De hecho, la alternativa que promueve Infante, se define como nacionalista en el Manifiesto del 1 de enero de 1919 y, concreta una de sus aspiraciones políticas en la existencia de un autogobierno apoyado en un poder legislativo, ejecutivo y judicial propios. La autonomía, entendida siempre en un sentido amplio como soberanía de individuos, municipio, culturas y pueblos, representaba un objetivo para el que los andaluces poseen una obligación común. Entre otras cuestiones, asociada dicha idea a novedosas medidas sociales: independencia social y civil de la mujer, justicia y educación gratuitas, reformas sanitarias y agrarias,…

La estrategia de los nacionalistas andaluces vendría a coincidir en algunos aspectos con otras ideologías de izquierdas, partidista en su carácter republicano, innovador, popular y anticaciquil. Ello explica la coincidencia electoral que tiene lugar en la ciudad de Córdoba, al hilo también de la segunda de las Asambleas Regionalistas que allí se celebra en 1919. Por esta época, Infante guarda ya una estrecha amistad con el agrónomo Pascual Carrión de quien asume la concepción ilegal en origen del latifundio (reparto de las tierras andalusíes entre nobles castellanos por la acción de la mal llamada reconquista), así como con el médico anarquista Pedro Vallina, a quien guarda una profunda admiración y con el que comparte, además de una estrecha amistad, una visión heterodoxa del anarquismo junto a una una visión crítica de la Revolución Soviética rechazada en su libro: La Dictadura Pedagógica (1923). En esta obra Infante se muestra contrario a la sustitución de unas estructuras de poder por otras, de manera que el individuo carezca de libertad y voluntad. Reclama la vinculación voluntaria de los andaluces de conciencia al proyecto liberador, sobre la base de la educación y la cultura, sin imposiciones ni limitaciones tanto capitalistas como comunistas. Sólo desde ese humanismo librepensador es concebible el pleno desarrollo del individuo y el avance social, a partir siempre del federalismo emanado de la Constitución de Antequera de 1883. Como en el anarquismo, sus teorías siempre irían impregnadas de unas fuertes dosis de personalismo utópico, que renuncia al exclusivo componente de la vía partidista y electoral abrazada desde la izquierda tradicional, y proclama la revolución desde el corazón y la conciencia de los andaluces.

Así las cosas, en 1923 la dictadura el general Primo de Rivera clausura los Centros Andaluces y, persigue y exilia a algunos de sus miembros más destacados permutando ahora Infante su notaría desde Cantillana a Isla Cristina. Limitada la vida pública, el encuentro con unfloreciente municipio pesquero por obra de “jornaleros del mar”, representará un tiempo dedicado a la familia (nacen sus cuatro hijos después de contraer matrimonio en 1919), las labores profesionales, la lectura y escritura, la reflexión y los viajes. A tenor de los datos y por la idiosincrasia de su personalidad, durante estos años toma contacto con el esperanto y la masonería, e incluso, se aventura por divertimento en alguna experiencia literaria donde, mediante cuentos, los animales ofrecen lecciones moralizantes a las personas.

Infante, viaja a Galicia donde toma contacto con los nacionalistas gallegos y, a Marruecos, en plena confrontación bélica con España, para visitar la tumba del rey Almotamid en Agmat.

Precisamente, al hilo de esta intensa experiencia y fuertemente impresionado por la similitud entre la música andalusí y el flamenco, a su regreso, se interesa por un tema que hasta ahora le había pasado desapercibido. Producto de aquella nueva intuición es su obra: Orígenes de lo Flamenco y Secretos el Cante Jondo, ensayo donde presenta su teoría para explicar dicho mundo. Para el notario de Coria, flamenco procede el “fellahmengu”: el canto, a modo de lamento, del campesino andalusí que ha sido desposeído de sus tierras por el conquistador cristiano y ha visto como eran repartidas como botín de guerra entre nobles castellanos triunfadores de la guerra. Este origen del latifundio como gran problema de la distribución de la propiedad de la tierra en el campo andaluz, está íntimamente unido a la existencia de una singular forma de expresión; identificada, entonces y hoy, con la etnia gitana, como única que sobrevive en nuestros días a las expulsiones de moriscos y judíos. Bajo estas posiciones, se subrayan los lazos culturales que todavía existen a ambos lados del Estrecho de Gibraltar y que, a lo largo de siglos, van a representar un origen común: la imposición de una economía y una religión única cristiana y feudal, el destierro de civilizaciones diferentes, la persecución de prácticas y modos de vida de grupos considerados heréticos y ajenos a la pauta oficial impuesta.

La llegada de la II República representa un marco de nuevas esperanzas en un Estado que arrastra un exceso de desencanto social y reacción. Destinado como notario a Coria del Río, Infante y los suyos constituyen la Junta Liberalista de Andalucía entidad legalizada como “política”, con la que pretende reactivar los ideales de los Centros Andaluces desde la defensa de una nueva concepción federal de España y a partir de un nuevo régimen con el que, no obstante, pronto se le considera prolongador de las estructuras de la dictadura, pese a estar encabezado ahora por formaciones de la izquierda tradicional.

La última etapa de su vida supondrá el periodo de máxima actividad y de reconocimiento político a sus esfuerzos e intereses. Como alternativa a ese desencanto hacia la II República y desde unas posiciones heterodoxas, Blas Infante participa junto a Ramón Franco, Pedro Vallina, Antonio Rexach, Pascual Carrión, José Antonio Balbontín y Pablo Rada en una candidatura electoral denominada Coalición Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza. Bajo esta amplia concepción los candidatos ofrecen, desde muy distintas posiciones ideológicas, una alternativa profundamente renovadora en su acción y, abiertamente anticaciquil y rupturista en sus planteamientos. Las expectativas que esta candidatura atípica levantará, provoca los recelos de la coalición republicano-socialista, la cual llega a inventar un supuesto levantamiento militar en la base sevillana de Tablada para proceder a su anulación, en medio de una sospechosa contundencia de porcentajes de votos desde muchos municipios de la provincia a favor de la citada alianza. Infante, replicará a la arbitrariedad y alevosía de los hechos en su obra: La verdad sobre el Complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Sin duda, su obra más completa e interesante, y en la que aporta en sus páginas la decepción que el sistema republicano le comporta, las intenciones de los reunidos y su visión de los hechos, mientras procede a desmontar todas y cada unas de las falsas acusaciones que se le imputan a los candidatos. Si bien las memorias de algunos de los implicados aluden algunas inquietudes o intenciones militares en la base, desde nuestra interpretación todo representa más un deseo que una realidad objetiva, cuestión que, por otra parte, sería utilizada por el gobierno provisional para represaliar a un nutrido grupo de militares revolucionarios.

Paradójicamente, las autoridades de la República pusieron en esta ocasión más énfasis en reprimir a los militares izquierdista que en percatarse y tomar medidas de lo que fue la progresiva conspiración golpista desde sectores conservadores.

Pese a la contrariedad por la intentona electoral, Infante, junto a Vallina y Carrión, aportan su percepción sobre el problema de la tierra en Andalucía de cara al anteproyecto de reforma que elabora el Gobierno. A los tres –libre y sin cargos ante el supuesto complot- les une la urgente necesidad de una reforma agraria que distribuya la propiedad, modernice el campo andaluz, genere una mayor riqueza y la distribuya socialmente. Un proyecto exento de indemnizaciones o compensas y, fundamentalmente, dirigido a quebrar un problema secular como el de los latifundios heredados. No se trata de un tradicional reparto de una tierra que debe ser siempre para el que la trabaja. Más bien, los sindicatos jornaleros y un fuerte control municipal son quienes están llamados a fiscalizar el éxito de una alternativa que siempre debe estimular el trabajo, la producción y el progreso.

jornaleros

De otro lado, el gran proyecto político de la Junta Liberalista será la conquista de una autonomía para Andalucía como posibilidad legal permitida por la Constitución de 1931. A propuesta de estas entidades nacionalistas y, recogiendo los frutos y el esfuerzo de personas tales como el socialista Hermenegildo Casas, antiguo colaborador del Centro Andaluz de Sevilla y en 1931 tanto diputado como Presidente de la Diputación hispalense, se inicia una dinámica institucional encabezada por esta última entidad, a resultas de la cual todas las fuerzas vivas son convocadas en la ciudad de Córdoba para debatir, durante la Asamblea Regional de enero de 1933, una propuesta de bases para el Anteproyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía. Para aquel entonces la Junta Liberalista había creado y registrado el himno de Andalucía que hoy reconocemos, cuya música es una melodía jornalera y su letra todo un alegato a favor de las posibilidades de un pueblo sabio y antiguo, pero carente de libertad y justicia.

Los resultados de aquel encuentro proautonómico no fueron los esperados, dado que la izquierda tradicional y, sobre todo, los representantes parlamentarios no arroparon la iniciativa como sí harían para otros territorios. Si bien hubo honrosas excepciones, unos y otros pretendieron boicotear una cita que, pese a todo, alcanzó importantes acuerdos que, finalmente, no fueron llevados a la práctica. Es más, desde las instancias gubernamentales del bienio rectificador se persiguió la cuestión autonómica y el proyecto pareció entonces quedar aparcado. Infante, en un periodo de obligada calma en la acción pública donde medita a través de sus Cartas Andalucistas, visitaría en el penal de El Puerto de Santa María a Companys y los consejeros de la Generalitat, presos durante los sucesos de octubre de 1934.

El triunfo del Frente Popular reactiva la labor de los círculos nacionalistas, que ya en 1935 habían iniciado aisladamente la difusión del texto y las conclusiones de la Asamblea de Córdoba. De nuevo, se volvería a solicitar a la Diputación de Sevilla que retomase la dinamización antes emprendida y las bases redactadas en 1933, cuestión ésta que, finalmente, se reactiva en una nueva cita regional el 5 de julio de 1936 en la sede de la citada corporación provincial. Será entonces cuando se le nombre, en reconocimiento a sus esfuerzos a lo largo de su vida, Presidente de honor del organismo Acción Pro Estatuto, foro de representantes de ayuntamientos, diputaciones, municipios y partidos, encargado de retomar el texto de 1933 y proseguir con el proceso constitucional hacia una autonomía que sólo el golpe militar del 18 de julio cortaría de raíz.

Blas Infante es arrestado en su casa de Coria el dos de agosto de 1936, pasando con posterioridad al cartelillo de Falange de Sevilla situado en la Cámara Agraria de la calle Trajano y, más tarde, a la prisión provisional instalada en el cine Jáuregui. La noche del 10 de agosto de aquel año es sacado junto a otras autoridades de la Sevilla republicana y fusilado en el kilómetro cuatro de la carretera Carmona. Un cruel homenaje a la resistencia civil que la ciudad tuvo, ese mismo día de 1932, a la intentona golpista de Sanjurjo. Pese a los intentos de su mujer y algunos allegados Pedro Parias, entonces gobernador de la ciudad, no mostró piedad alguna con el marido de su sobrina María Angustias García Parias.

Todo indica que sus restos, como los de tantos demócratas fueron a parar a la fosa común del cementerio San Fernando de Sevilla en el que, presumiblemente, reposan. El libro oficial de enterramiento que se conserva en dicho camposanto sólo posee, durante ésa y otras fechas cercanas, numerosas páginas en blanco que, desde el anonimato, dan testimonio numérico de los cientos de cuerpos asesinados y allí arrojados en los primeros meses de golpe.

El 4 de mayo de 1940, casi cuatro años después de su fusilamiento, ve la luz una Sentencia del Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas, que pretendía burdamente justificar su asesinato condenándolo por el delito de haberse significado “como propagandista para la constitución de un partido andalucista”. La sentencia le condenó “como incurso en un caso de responsabilidad política de carácter grave” dictando un auténtico asesinato político legal y aún parece iniciar una persecución más allá de su muerte al condenarle a una multa de dos mil pesetas, la cual manda notificar a su viuda en representación de sus hijos menores tras haber cuantificado, en el resultando antes citado, su patrimonio: “dejó cuatro hijos menores y una finca rústica con 138 pesetas 85 céntimos de líquido imponible”. Considerando acreditadas las actuaciones que se le imputan al inculpado –sigue diciendo la citada Sentencia-, se le supone “una grave oposición y desobediencia al mando legítimo y a las disposiciones de él emanadas”.

En el registro civil de Coria del Río en su página 167 vto tomo 45 y sección 3ª, consta certificada su defunción a consecuencia –se dice-, de la aplicación del Bando de Guerra. Blas infante fue algo más que un demócrata y un republicano, fue un andaluz comprometido que luchó por una Andalucía Libre de injusticias: por todo ello le asesinaron.

http://identidadandaluza.wordpress.com/2008/11/30/blas-infante-perez/

 

carlos-cano

 

 

 

Letra de Carlos Cano

Sevillanas de Chamberí

Con un fondo de guitarras y un repique de palillos,
sigue cantando sus penas esta tierra en que nací
Ahora son las sevillanas entre falsas alegrías
lo que vende Andalucía de Nueva York a París.
Y vienen para aprenderlas más serios
que magistraos banqueros y diputaos señoritos de postín.
Acuden a la academia queriendo sacar la grasia
lo mismito que se saca el carné de conducir.
Y entre sombras y luces de Andalucía,
to el papel de la grasia se la vendía.
Cómo luce y reluce, ¡viva Madrid!,
a bailar sevillanas de Chamberí
y a correrse una juerga en la Feria de Abril.
Arsa que toma y olé, que viva la grasia de mi Andalucía.
Arsa que toma y olé, que ya la primera la tiene aprendía.
Arsa que toma y olé, re que ya la segunda la están ensayando.
Arsa que toma y olé, que con la tercé, que les vayan dando.
Entre palmas y entre olés, alternando en los tablaos,
con un alfiler clavao en mitad del corazón.
Al compás de un pasodoble, cantando por tierra extraña,
la pandereta de España buscaba su salvación.
Pero un día de febrero, verdiblanca, la alegría,
el alma de Andalucía de pronto se levantó.
Y mandó parar la juerga con acuse de recibo
ca’mochuelo pa’su olivo que aquí se acabó el carbón.
Y cuando más clarito ya lo tenía,
otra vez la peineta pa’Andalucía.
Como luce y reluce, ¡viva Madrid!
¡A bailar sevillanas de Chamberí
y a correrse una juerga en la Feria de Abril

Carlo Cano

De Bobo Infante a Bobo Solemne

por Jorge Vilches el 16 Mayo 2006, 16:04

El Padre de la Patria Andaluza, declarado así oficialmente, es Blas Infante, un hombre más prosista que pensador, más gongorino que teórico, que inventó una nación anclada en el Islam, en el africanismo como vocación. La identidad andaluza consistía, y consiste, en recalcar que, como sentenció Infante, “Europa fue nuestra conquistadora (la de al-Andalus) y Castilla la avanzada de su ejército que contra nosotros peleó”. La caída del Reino de Granada es para el nacionalismo andaluz lo que para el vasco la derrota del carlismo, y para el catalán la entrada de las tropas de Felipe V en Barcelona. De hecho, la bandera verde y blanca de Andalucía la crea la Asamblea Regionalista de Ronda, en 1918, tomando los colores de las banderas del reino nazarí de Granada.
Las raíces nacionales de Andalucía estaban en el sur, en África, y los males, qué sorpresa, provenían de la presencia española. “Rechacemos la representación de un Estado que nos deshonra –afirmó Blas Infante- (…). Declarémonos separatistas de este Estado (…) que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros. Avergoncémonos de haberlo sufrido y condenémoslo al desprecio”.
Y en esa descripción de la Andalucía que no era Europa, incluso a comienzos del siglo XX, había “andaluces auténticos” –escribe Infante en 1931- y “andaluces falsos”, esos que adoptaban maneras, costumbres e incluso vestimentas europeas. La originalidad de España estaba en su islamismo, en ser al-Andalus, pero Castilla europeizó la Península, y el país se perdió.
El proyecto político de Blas Infante, y del actual nacionalismo andaluz, pasa por una confederación basada en el “derecho de autodeterminación”. La fórmula consiste en un conjunto de Estados confederados por libre decisión de sus naciones, en un pacto rompible a demanda de cualquiera de las partes. Y Andalucía sería una federación de Estados provinciales “incluyendo -según Infante- Marruecos”. Porque lo español –que Blas Infante identificaba con la civilización europea y el cristianismo– es dañino. Así, el Padre de la Patria Andaluza no tuvo ningún reparo en viajar a Marruecos, en 1924, en plena guerra de África, para visitar la tumba de Al-Motamid, último rey alhomade de Sevilla.
El preámbulo del actual Estatuto andaluz dice que Blas Infante luchó “por conseguir una Andalucía libre y solidaria en el marco irrenunciable de la unidad de los pueblos de España”. Y en la página web del Parlamento andaluz se puede leer que “se adelantó a su tiempo” con “propuestas” como la “división de poderes (ejecutivo, judicial y legislativo)” (sic.).
De esta visión de Blas Infante como el Montesquieu andalusí, se pasa a la de los grupos independentistas como “Nazión Andaluza”. Este grupo de estilo batasuno promueve el “idioma andaluz”, porque la lengua es, junto a la raza y las costumbres, la seña identitaria que les separa del “Estado opresor español”.

aqui-se-habla-andaluz

Ese idioma consiste en escribir el castellano con el acento andaluz. Pero la lucha social es cara, por lo que tienen una “tienda virtual” en la que dicen “FORMA’E PAGO pa kuahkiér pedío: INGREZÀ la kantiá korrehpondiente en la kuenta XXX de XXX endikando nombre u konzehto der pagaó u pagaóra, y dihpuéh mandà un e-mail –esto en correctísimo inglés– a nazionandaluza”. Porque los muchachos “nazionalihtah” venden camisetas que dicen, por ejemplo, “¡¡No te bendah ni bendah tu terreniyo a la ehpekulazión!!”. Y pegatinas a “1 unidá=10 zentimoh”, “gahtoh d’aí p’arriba la kantiá preguntà”. En fin, parafraseando a Gila: “Me habéis matao a la nación española, pero lo que me he reído…”.

Jorge Vilches

 http://foros.diariosur.es/post735.html#p728

Rahô dialertalê i ortografíâ en tehtô andaluzê

lletres1 Rahô dialertalê i ortografíâ en tehtô andaluzê

Francisco García Duarte
Gorka Redondo Lanzas
Barcelona, agohto, 2006

Resumen

Este trabajo tiene como objetivo compilar muestras de un conjunto abundante de textos literarios, escritos por diversos autores, que recogen, en mayor o menor medida, los rasgos dialectales del andaluz. El corpus de datos conseguido nos va a servir para valorar la multitud de soluciones gráficas encontradas en ellos, las tentativas de elaboración de unas mínimas normas ortográficas adecuadas a nuestra variedad lingüística, así como una somera valoración de la posible utilidad de los textos, en tanto que fuente de información de diferentes rasgos gramaticales del andaluz.

1. UN POCO DE HISTORIA.

1.1 Introducción.

Todos sabemos que la tendencia de la filología española actual, salvo excepciones, ha terminado por conducir a los principales estudiosos a negar que exista algo que podamos llamar “andaluz”. Antes había sido dialecto, luego habla, conjunto de hablas, “acento” particular limitado a la (defectuosa) pronunciación de los fonemas de la lengua castellana y, finalmente, “español hablado en Andalucía”. Sin embargo, no han sido pocos los eruditos que han discutido sobre esta cuestión, desde el s. XVI en adelante1, ni precisamente escasos los filólogos que se han licenciado, doctorado y accedido a una cátedra a base de llenar estanterías con enjundiosos ensayos en torno, curiosamente, a “eso que no existe”. Más aún, así como los romanos cultos se escandalizaban ante las numerosas “deturpaciones” del latín vulgar –entiéndase el hablado por la masa plebeya- y los enseñantes acabaron por redactar largas y sabrosas listas de incorrecciones (como el famoso Appendix Probi, cuando ya no había remedio), así también son muy numerosas las referencias a la muy poco pura lengua de Andalucía y a todo tipo de rasgos relacionados con esta supuesta desidia idiomática andaluza. El fenómeno admonitorio, necesario, al parecer, alcanza el siglo XXI, pero ya no se acusa a los andaluces de padecer ningún defecto físico 2 que les impediría articular las palabras “como Dios manda”, sino que se cimenta en la teoría de que nuestra competencia lingüística deja mucho que desear, o sea, es “muy recortada” 3; luego, la deficiencia sería mental.

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ESCRIBIR EN ANDALUZ

250px-libro_del_caballero_zifar_f32rESCRIBIR  EN ANDALUZ 

“El lenguaje andaluz tiene sonidos los cuales no pueden ser expresados en letras castellanas”.

“Tal vez hoy alguien se ocupe en la tarea de reconstruir un alfabeto andaluz”. 

Las palabras de Blas Infante golpeaban las conciencias de los nacionalistas andaluces que se propusieron en 1990 seguir las teorías del Padre de la Patria Andaluza. Hubiera sido más fácil de haber contado con la aquiescencia de las autoridades, la colaboración de las universidades y el trabajo de los intelectuales andaluces, pero tanto unos como otros, instalados en “la verdad”, desprecian ocuparse del andaluz manteniéndonos adormecidos con un alienamiento cultural que nos impide evolucionar y provoca un complejo de inferioridad que no tiene razón de ser. Esa realidad, (con sus justas y reconocidas excepciones) que ya Blas Infante constató en su tiempo, obliga a que ahora, al igual que entonces, sean personas ajenas a la cultura oficial y a las disciplinas universitarias las que asuman la tarea de investigar nuestra identidad. 

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